jueves, 20 de agosto de 2009

Jefe de Casa Militar en batalla por la vida

Cerca de las 11:00 del lunes 10 de agosto, los pulmones del coronel John Merino no resistieron más la neumonía que ya lo aquejaba, luego de que se complicara su cuadro a causa de la influenza AH1N1. El cuerpo médico de la Presidencia de la República le realizó un prechequeo y de inmediato fue transportado al hospital Militar.

En emergencias de esa casa de salud, el personal médico calificó su cuadro como una insuficiencia respiratoria. En pocos minutos, el jefe de la seguridad presidencial fue trasladado hasta el cuarto piso, a terapia intensiva, en donde permanecía hasta ayer.

El problema más grave, cuentan sus compañeros -y con ello coinciden los médicos de la casa de salud-, fue la falta de atención oportuna y la posible automedicación.

La duda aún se mantiene entre los médicos que lo tratan pero que no se ha podido despejar en vista de que el oficial, cuando llegó a la casa de salud, ya no podía hablar.

El 10 de agosto, Merino debía acompañar al presidente Rafael Correa hasta el final de sus actividades, pero solo avanzó a ingresar con el mandatario hasta la puerta de la Asamblea Nacional, para su posesión.

Mientras la ceremonia se desarrollaba en el palacio Legislativo, Merino era llevado a la casa asistencial. Ahora su vida depende de un ventilador que le ayuda a respirar, un aparato de diálisis ante su insuficiencia renal; y medicamentos para la presión arterial y la neumonía.

Su familia vive en Guayaquil, aunque él es oriundo de Chimborazo. Su esposa acude cada día al hospital para recibir noticias sobre su estado, que en estos últimos días no ha variado. Su condición no ha mejorado pero tampoco ha pasado lo contrario, comenta Mariano Granja, director médico del hospital Militar.

El caso de Merino es visto con preocupación entre sus compañeros, quienes admiran su trabajo, que no abandonó ni siquiera por preservar su salud. Pero al mismo tiempo aseguran que también fue irresponsable al haber ocultado su problema de salud, con lo que también puso en riesgo la salud de sus compañeros.

Diez días después de su ingreso, los médicos tienen cautela al hablar del estado del oficial, al que simplemente califican de “grave”.

La situación de Merino, en la Presidencia, genera tristeza y miedo. El cuerpo médico está atento a cualquier síntoma, mientras los compañeros del oficial reciben atentos la información de su estado.