Un tablero de 8 por 10 metros en el piso, tarjetas de preguntas y un dado gigante son herramientas que ayudarán a más de dos jugadores a realizar un viaje imaginario a través de diferentes zonas del país y a conocer sobre la prevención de desastres.
En las paredes hay dibujos con piezas movibles que permiten a los participantes cumplir con las órdenes de cada casillero. Las instrucciones van desde ayudar a un anciano a cruzar la calle hasta reaccionar en caso de inundación. Así, buscarán las maneras adecuadas de actuar en situaciones de peligro.
El proyecto forma parte de la exposición “Riesgollakta, el arte de vivir sin riesgos”, que impulsa Unicef
Riesgolandia es el nombre de la propuesta lúdica que el Museo Interactivo de Ciencias (MIC) presenta para que niños, niñas y adolescentes aprendan qué deben hacer en caso de desastres naturales.
El proyecto forma parte de la exposición temporal “Riesgollakta, el arte de vivir sin riesgos”, que impulsa Unicef. En dicha muestra, además, se exhiben videos y otros elementos didácticos.
El lanzamiento se hizo antier, a propósito de la celebración del Día Internacional de Reducción de Desastres, que se desarrolla el segundo miércoles de octubre.
Melisa Jiménez, Kellyn Toabanta y Gloria Paredes, estudiantes de noveno año del Liceo Fernández Madrid, tuvieron la oportunidad de caminar sobre el tablero, hasta llegar a la meta.
“¿Qué es un sismómetro?”, fue la pregunta que le salió en el juego a una de las participantes que llegó al casillero marcado con un signo de interrogación. Varias manos alrededor se levantan para dar la respuesta. “Es un aparato para medir los temblores”, respondió Fernanda Barragán, luego de pensarlo.
Los estudiantes, que fueron atrapados por el juego, se disputaron con entusiasmo la oportunidad de dar una mejor respuesta a las preguntas, mientras que con impaciencia esperan su turno para jugar.
El objetivo es fortalecer el conocimiento y las capacidades de los niños, niñas y adolescentes sobre las acciones que se deben tomar en caso de un desastre, explicó Cristian Munduate, representante de Unicef en Ecuador. “Es importante que los niños sepan cómo reducir los niveles de riesgo que se presentan en su diario vivir”, enfatizó.
Para Barragán, el juego es la mejor manera para obtener mayor y mejor información sobre la prevención de desastres, ya que, a pesar de que es un tema que se aborda en el aula, no se lo hace de manera tan directa. “En la clase todo es más teórico; en cambio, en este museo, nosotros tenemos que analizar qué debemos hacer y qué hay que evitar”, expresó.
Según Ana María Armijos, directora de la fundación Museos, desarrollar este tipo de actividades permite a los niños y adolescentes crear sus propias ideas y buscar opciones para enfrentar un desastre.
Al respecto, Augusto Barrera, alcalde de Quito, resaltó la importancia de que los menores de edad conozcan la ciudad y sepan actuar en climas variables que pueden desatar desastres.
Los juegos están distribuidos en un área de 200 metros cuadrados.
En las paredes hay dibujos con piezas movibles que permiten a los participantes cumplir con las órdenes de cada casillero. Las instrucciones van desde ayudar a un anciano a cruzar la calle hasta reaccionar en caso de inundación. Así, buscarán las maneras adecuadas de actuar en situaciones de peligro.
El proyecto forma parte de la exposición “Riesgollakta, el arte de vivir sin riesgos”, que impulsa Unicef
Riesgolandia es el nombre de la propuesta lúdica que el Museo Interactivo de Ciencias (MIC) presenta para que niños, niñas y adolescentes aprendan qué deben hacer en caso de desastres naturales.
El proyecto forma parte de la exposición temporal “Riesgollakta, el arte de vivir sin riesgos”, que impulsa Unicef. En dicha muestra, además, se exhiben videos y otros elementos didácticos.
El lanzamiento se hizo antier, a propósito de la celebración del Día Internacional de Reducción de Desastres, que se desarrolla el segundo miércoles de octubre.
Melisa Jiménez, Kellyn Toabanta y Gloria Paredes, estudiantes de noveno año del Liceo Fernández Madrid, tuvieron la oportunidad de caminar sobre el tablero, hasta llegar a la meta.
“¿Qué es un sismómetro?”, fue la pregunta que le salió en el juego a una de las participantes que llegó al casillero marcado con un signo de interrogación. Varias manos alrededor se levantan para dar la respuesta. “Es un aparato para medir los temblores”, respondió Fernanda Barragán, luego de pensarlo.
Los estudiantes, que fueron atrapados por el juego, se disputaron con entusiasmo la oportunidad de dar una mejor respuesta a las preguntas, mientras que con impaciencia esperan su turno para jugar.
El objetivo es fortalecer el conocimiento y las capacidades de los niños, niñas y adolescentes sobre las acciones que se deben tomar en caso de un desastre, explicó Cristian Munduate, representante de Unicef en Ecuador. “Es importante que los niños sepan cómo reducir los niveles de riesgo que se presentan en su diario vivir”, enfatizó.
Para Barragán, el juego es la mejor manera para obtener mayor y mejor información sobre la prevención de desastres, ya que, a pesar de que es un tema que se aborda en el aula, no se lo hace de manera tan directa. “En la clase todo es más teórico; en cambio, en este museo, nosotros tenemos que analizar qué debemos hacer y qué hay que evitar”, expresó.
Según Ana María Armijos, directora de la fundación Museos, desarrollar este tipo de actividades permite a los niños y adolescentes crear sus propias ideas y buscar opciones para enfrentar un desastre.
Al respecto, Augusto Barrera, alcalde de Quito, resaltó la importancia de que los menores de edad conozcan la ciudad y sepan actuar en climas variables que pueden desatar desastres.
Los juegos están distribuidos en un área de 200 metros cuadrados.