viernes, 6 de agosto de 2010

Dura sentencia para asesinos de Sucuzhañay

‘Usted lo golpeó con un bate una vez y otra vez y otra vez... Usted creyó que la víctima no era del todo un ser humano. ¿Cuál otra razón que no sea el odio puede motivar a alguien a quitar la vida de otra persona de una manera tan cruel y violenta?”

Esas duras palabras de la jueza Patricia DiMango presagiaron que a Keith Phoenix se le venía la sentencia más dura y así fue: de 37 años a de por vida en la cárcel por el crimen del ecuatoriano José Sucuzhañay.

Phoenix fue sentenciado bajo la figura de odio racial. Los testigos declararon que escucharon insultos raciales y homofóbicos mientras Sucuzhañay era golpeado. Para Hakim Scott, el otro culpable de este crimen ocurrido la madrugada del 7 de diciembre del 2008, la sentencia fue de 37 años en prisión más cinco años de probatoria bajo vigilancia.

Sucuzhañay tenía dos hijos, Bryan y Johana, “quienes viven conmigo y siempre preguntan por su padre”, dijo en la Corte de Brooklyn una llorosa Julia Quintuña, madre del ecuatoriano asesinado.

“Soy la madre de José, a quien se le acabó la vida en esta ciudad. Pido de todo corazón, primero a Dios y después a usted señora jueza, que aplique la ley justa para todos los inmigrantes”, dijo la mujer, de quien la tristeza parece ser su eterna compañera. DiMango escuchó el pedido y la confianza de que se haría justicia, clamada por Quintuña.

A los dos culpables además los sentenció por el intento de asalto a Romel, hermano de José, quien ahora sufre de estrés postraumático, porque, según la jueza, en su intento de escapar de la agresión dejó vulnerable y desarmado a su hermano, que quedó inconsciente en la acera.

El cónsul del Ecuador en Nueva York, Jorge López, comentó que la Casa Ecuatoriana paga la ayuda psicológica de Romel Sucuzhañay, porque sufre de insomnio desde aquella fatídica noche. Quintuña también lamentó que su hijo Romel no esté bien de su salud. “No es el hombre que era”, dijo.

Scott y Phoenix hicieron público su remordimiento y pidieron perdón a la familia Sucuzhañay y a las de ellos mismo por un crimen que, según el abogado de uno de los acusados, no fue premeditado. Fue “el alcohol y el machismo el que jugó cuando hay un encuentro entre hombres”. Los dos acusados reconocieron que habían estado tomando antes del ataque y las víctimas habían tomado cerveza.

“Es un mensaje claro a quien tiene la mentalidad antiinmigrante. Estos dos individuos se merecen esa sentencia porque quitaron la vida a un padre de familia”, dijo Walter Sinche, quien actuó de vocero de la familia Sucuzhañay.

Tras la sentencia, Quintuña, rodeada de sus hijos, dijo a los periodistas que sentía pena por los dos sentenciados, pero que había que hacer justicia.

Diego Sucuzhañay, otro de sus 11 hijos, quien se ha puesto al frente de la familia, dijo estar satisfecho por la sentencia y anunció la creación de la fundación José Sucuzhañay, para ayudar a la Policía de Nueva York a aumentar la recompensa por la captura de causantes de crímenes de odio racial.