El día de los enamorados es un momento para evaluar los sentimientos y hacer reflexión, mirando dentro de cada uno y así comprobar cuál es el estado del corazón. Toca revisión médica del sentido del amor: las cosas que uno quiere, los seres que asoman, las personas especiales.El significado palpable de los sentimientos es lo que cada día se expresa con gestos y acciones. La fiesta de los enamorados es la presentación en sociedad de esos sentimientos, ahora mezclados con lo folclórico, lo banal, lo escasamente serio, lo lúdico y sin cuestionar que el amor es algo vital, es el combustible necesario para vivir cada día.
Nadie es capaz de vivir sin amor. Por muy invulnerable que uno se crea a las flechas de Cupido, siempre está el amor acechando. Es cierto que no se conoce la capacidad de amar, ni siquiera sus límites, si los tiene. Y cuando se piensa que esa capacidad está llena, con los hijos, los padres, la familia, los amigos, la pareja, la casa, la naturaleza, los animales, la música, el arte…, parece que el aforo ya es suficiente para que el corazón albergue a nadie ni nada más.
Cuando la ocasión es muy grande, se está abierto a nuevas emociones, impresiones, afectos, pero corriendo el peligro de banalizar lo que ya se tiene. Entonces surge el desamor.
Hay personas que pasan del amor extremo al olvido más contundente de un solo brochazo, pues Cupido no acierta a anidar en su corazón y eso marca su carácter, hasta el extremo de que su actitud ante lo que quieren y les gusta les marca para toda la vida, estigmatizando su conducta y haciéndosela sufrir a quienes les rodean y comparten su vida.
Por eso, el día de los enamorados, está muy bien instaurado, no sólo para mirar la aguja del tanque de gasolina del depósito del amor, sino para poder ver cómo es de grade la entrada de dicho depósito. También sirve para preguntarse de qué calidad es el combustible y si es posible que ese amor que alimenta no se acabe nunca.
¡La vita é bella!, se dice cuando se ama la vida y así se concreta el querer todo lo que rodea. Se demuestra también que la capacidad de amar es infinita y eso predispone a la alegría y el buen humor, a sentirse bien con uno mismo y la disponibilidad de contagiar esas buenas sensaciones a los demás.
Todo el mundo necesita amar y ser amado. Es preciso para la estabilidad emocional, para sentirse alegres y de buen humor, y obligado para tener una buena salud. La salud está directamente relacionada con el comportamiento humano y siempre será positiva si las relaciones sociales lo son.