En 1985, el Ministerio de Obras Públicas adjudicó a la empresa Andrade-Gutiérrez, la construcción de la carretera Méndez-Morona (143 kilómetros), por $36 millones. La vía que inicialmente fue ofertada en $36 millones, con modificaciones, atrasos, reajustes y un desembolso final de $23 millones otorgado en las postrimerías del Gobierno de Fabián Alarcón, terminó costando tres veces más: $106 millones. Esto fue posible con un dictamen favorable de la Procuraduría del Estado.
La construcción de la carretera Méndez-Morona tiene una historia que ya rebasó los 25 años y la polémica por esta obra aún no llega a su fin.
Todavía está pendiente la ejecución de una sentencia favorable al Estado y que obliga a la empresa contratista, la constructora brasileña Andrade Gutiérrez, a la devolución de $24 millones pagados en exceso, más intereses.
La revista Vistazo fue el medio de comunicación que sacó a la luz que esta carretera se convirtió en la más cara del mundo. El periodista Cecilio Moreno fue el investigador.
Mi interés por la Méndez-Morona empezó tras las denuncias de sobreprecios hechas por el entonces diputado Antonio Rodríguez, en 1988. En esa época, la carretera había ya empezado a construirse y Andrade Gutiérrez (AG) ya hablaba de que tendría que remover mucha más cantidad de tierra que la planificada en los estudios. El trabajo adicional, por tanto, encarecería la obra que fue firmada por $36 millones. Cuando se recibió la carretera, esta costó $74 millones.
En 1999, un funcionario me entregó un sobre que era la prueba del desembolso que había hecho el Estado a favor de AG por $24 millones, días antes de que finalizara el Gobierno interino de Fabián Alarcón.
La razón del millonario pago había sido unas supuestas retenciones indebidas realizadas por el Ministerio de Obras Públicas (MOP). Lo extraño resultó que el mismo reclamo había presentado la constructora brasileña al MOP en los gobiernos de Borja, Durán-Ballén y Bucaram. Los procuradores de los dos primeros lo negaron, el de Bucaram no alcanzó a pronunciarse. Finalmente -y casi en secreto- el entonces procurador Milton Álava aceptó la restitución de los valores. El ministro de finanzas Marco Flores hizo el pago. Así se consumó una jugada que, de no ser por la prensa independiente, no se habría conocido.
(VISTAZO)
La construcción de la carretera Méndez-Morona tiene una historia que ya rebasó los 25 años y la polémica por esta obra aún no llega a su fin.
Todavía está pendiente la ejecución de una sentencia favorable al Estado y que obliga a la empresa contratista, la constructora brasileña Andrade Gutiérrez, a la devolución de $24 millones pagados en exceso, más intereses.
La revista Vistazo fue el medio de comunicación que sacó a la luz que esta carretera se convirtió en la más cara del mundo. El periodista Cecilio Moreno fue el investigador.
Mi interés por la Méndez-Morona empezó tras las denuncias de sobreprecios hechas por el entonces diputado Antonio Rodríguez, en 1988. En esa época, la carretera había ya empezado a construirse y Andrade Gutiérrez (AG) ya hablaba de que tendría que remover mucha más cantidad de tierra que la planificada en los estudios. El trabajo adicional, por tanto, encarecería la obra que fue firmada por $36 millones. Cuando se recibió la carretera, esta costó $74 millones.
En 1999, un funcionario me entregó un sobre que era la prueba del desembolso que había hecho el Estado a favor de AG por $24 millones, días antes de que finalizara el Gobierno interino de Fabián Alarcón.
La razón del millonario pago había sido unas supuestas retenciones indebidas realizadas por el Ministerio de Obras Públicas (MOP). Lo extraño resultó que el mismo reclamo había presentado la constructora brasileña al MOP en los gobiernos de Borja, Durán-Ballén y Bucaram. Los procuradores de los dos primeros lo negaron, el de Bucaram no alcanzó a pronunciarse. Finalmente -y casi en secreto- el entonces procurador Milton Álava aceptó la restitución de los valores. El ministro de finanzas Marco Flores hizo el pago. Así se consumó una jugada que, de no ser por la prensa independiente, no se habría conocido.
(VISTAZO)